lieu commun

On appellera lieu commun l'espace où se rencontrent nos rêves perdus et nos petits bonheurs présents

010207

Idilio - Federico García Lorca

Idilio (Idylle)

Tú querías que yo te dijera 
el secreto de la primavera.

Y yo soy para el secreto 
lo mismo que es el abeto.

Árbol cuyos mil deditos 
señalan mil caminitos.

Nunca te diré, amor mío, 
por qué corre lento el río.

Pero pondré en mi voz estancada 
el cielo ceniza de tu mirada.

¡Dame vueltas, morenita! 
Ten cuidado con mis hojitas.

Dame más vueltas alrededor, 
jugando a la noria del amor.

¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera, 
el secreto de la primavera.

Federico García Lorca (1898-1936)  petite biographie à venir

traduction approximative :

Idylle

Tu voulais que je te dise
le secret du printemps.

Moi je suis pour le secret
tout comme le sapin.

Arbre dont les mille petits doigts
indiquent mille petits chemins.

Je ne te dirai jamais, mon amour,
pourquoi le ruisseau coule lentement.

Mais je placerai dans ma voix stagnante
le ciel cendré de ton regard.

Tourne autour de moi, petite brune !
Fais attention à mes petites feuilles.

Tourne encore autour de moi,
en jouant à la noria de l'amour.

Ay ! Je ne pourrais te dire, même si je voulais,
le secret du printemps.

Federico García Lorca

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300107

José Agustín Goytisolo - Palabras para Julia

ch_ne_plume_r_dPalabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo

Une traduction :

Paroles pour Julie

Tu ne peux plus t'en retourner,
Car la vie est là qui te pousse,
Comme une plainte interminable,
Interminable.

Tu te sentiras enfermée,
Tu te sentiras perdue, seule,
Ou tu voudras n'être pas née,
N'être pas née.

Mais toi, à jamais souviens-toi
De ce qu'un jour moi j'ai écrit
Pensant à toi, pensant à toi
Comme j'y pense.

La vie est belle, tu verras
Comment, en dépit des chagrins,
Te viendront les amis, l'amour,
Viendront les amis.

Un homme seul ou une femme,
Ainsi, regardés un par un,
Ils sont poussière, ils ne sont rien,
Ils ne sont rien.

Alors toi, toujours souviens-toi
De ce qu'un jour moi j'ai écrit
Pensant à toi, pensant à toi
Comme j'y pense.

D'autres attendent que tu résistes,
Que tu les aides de ta joie,
Et que les aide ta chanson
Parmi les leurs.

Ne te livres, ni ne t'écartes,
Sur le chemin ne dis jamais :
Je n'en peux plus, je reste là,
Je reste là.

Mais toi, toujours souviens-toi
De ce qu'un jour moi j'ai écrit
Pensant à toi, pensant à toi
Comme j'y pense.

La vie est belle, tu verras
Comment, en dépit des chagrins,
Te viendront les amis, l'amour,
Viendront les amis.

Je ne sais rien dire de plus,
Mais tu dois comprendre ceci :
Je suis encore sur le chemin
Sur le chemin.

Mais toi, à jamais souviens-toi
De ce qu'un jour moi j'ai écrit
Pensant à toi, pensant à toi
Comme j'y pense.

José Agustín Goytisolo

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210107

Galope - Rafael Alberti

Galope

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Rafael Alberti

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Coplas por la muerte de su padre - Jorge Manrique

Coplas por la muerte de su padre (texte intégral)

           I
  Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte  contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte  tan callando;  cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,  da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado  fue mejor.

           II
  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido  e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido  por passado.  Non se engañe nadi, no,
pensando que ha de durar  lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de passar  por tal manera.

           III
  Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,  qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar  e consumir;  allí los ríos caudales,
allí los otros medianos  e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos  e los ricos.

       INVOCACIÓN

           IV
  Dexo las invocaciones
de los famosos poetas  y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas  sus sabores.  Aquél sólo m'encomiendo,
Aquél sólo invoco yo  de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció  su deidad.

           V
  Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada  sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada  sin errar.  Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,  e llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando morimos,  descansamos.

           VI
  Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél  como debemos,
porque, segund nuestra fe,
es para ganar aquél  que atendemos.  Aun aquel fijo de Dios
para sobirnos al cielo  descendió
a nescer acá entre nos,
y a vivir en este suelo  do murió.

           VII
  Si fuesse en nuestro poder
hazer la cara hermosa  corporal,
como podemos hazer
el alma tan glorïosa  angelical,  ¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora  e tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora  descompuesta!

           VIII
  Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos  y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos  las perdemos.  Dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados  que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados  desfallescen.

           IX
  Dezidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez  de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,  ¿cuál se para?  Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal  de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal  de senectud.

           X
  Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza  tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand alteza  en esta vida!  Unos, por poco valer,
por cuán baxos e abatidos  que los tienen;
otros que, por non tener,
con oficios non debidos  se mantienen.

           XI
  Los estados e riqueza,
que nos dexen a deshora  ¿quién lo duda?,
non les pidamos firmeza.
pues que son d'una señora;  que se muda,  que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda  presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda  en una cosa.

           XII
  Pero digo c'acompañen
e lleguen fasta la fuessa  con su dueño:
por esso non nos engañen,
pues se va la vida apriessa  como sueño,
e los deleites d'acá
son, en que nos deleitamos,  temporales,
e los tormentos d'allá,
que por ellos esperamos,  eternales.

           XIII
  Los plazeres e dulçores
desta vida trabajada  que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la çelada  en que caemos.  Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta  sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta  no hay lugar.

           XIV
  Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas  ya passadas
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas  trastornadas;  assí, que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores  e perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores  de ganados.

           XV
  Dexemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,  ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos e leímos  sus hestorias;  non curemos de saber
lo d'aquel siglo passado  qué fue d'ello;
vengamos a lo d'ayer,
que también es olvidado  como aquello.

           XVI
  ¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d'Aragón  ¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción  como truxeron?  ¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras  de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras  e çimeras?

           XVII
  ¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,  sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos  d'amadores?  ¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas  que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas  que traían?

           XVIII
  Pues el otro, su heredero
don Anrique, ¡qué poderes  alcançaba!
¡Cuánd blando, cuánd halaguero
el mundo con sus plazeres  se le daba!  Mas verás cuánd enemigo,
cuánd contrario, cuánd cruel  se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuánd poco duró con él  lo que le dio!

           XIX
  Las dávidas desmedidas,
los edeficios reales  llenos d'oro,
las vaxillas tan fabridas
los enriques e reales  del tesoro,  los jaezes, los caballos
de sus gentes e atavíos  tan sobrados
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos  de los prados?

           XX
  Pues su hermano el innocente
qu'en su vida sucesor  se llamó
¡qué corte tan excellente
tuvo, e cuánto grand señor  le siguió!  Mas, como fuesse mortal,
metióle la Muerte luego  en su fragua.
¡Oh jüicio divinal!,
cuando más ardía el fuego,  echaste agua.

           XXI
  Pues aquel grand Condestable,
maestre que conoscimos  tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo como lo vimos  degollado.  Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,  su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?,
¿qué fueron sino pesares  al dexar?

           XXII
  E los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados  como reyes,
c'a los grandes e medianos
truxieron tan sojuzgados  a sus leyes;  aquella prosperidad
qu'en tan alto fue subida  y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida  fue amatada?

           XXIII
  Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes  e varones
como vimos tan potentes,
dí, Muerte, ¿dó los escondes,  e traspones?  E las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras  y en las pazes,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con tu fuerça, las atierras  e desfazes.

           XXIV
  Las huestes inumerables,
los pendones, estandartes  e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e balüartes  e barreras,  la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,  ¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de claro  con tu flecha.

           XXV
  Aquel de buenos abrigo,
amado, por virtuoso,  de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso  e tan valiente;
sus hechos grandes e claros
non cumple que los alabe,  pues los vieron;
ni los quiero hazer caros,
pues qu'el mundo todo sabe  cuáles fueron.

           XXVI
  Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados  e parientes!
¡Qué enemigo d'enemigos!
¡Qué maestro d'esforçados  e valientes!  ¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!  ¡Qué razón!
¡Qué benino a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,  qué león!

           XXVII
  En ventura, Octavïano;
Julio César en vencer  e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber  e trabajar;  en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad  con alegría;
en su braço, Aureliano;
Marco Atilio en la verdad  que prometía.

           XXVIII
  Antoño Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad  del semblante;
Adriano en la elocuencia;
Teodosio en humanidad  e buen talante.  Aurelio Alexandre fue
en desciplina e rigor  de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el grand amor  de su tierra.

           XXIX
  Non dexó grandes tesoros,
ni alcançó muchas riquezas  ni vaxillas;
mas fizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas  e sus villas;  y en las lides que venció,
cuántos moros e cavallos  se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos  que le dieron.

           XXX
  Pues por su honra y estado,
en otros tiempos passados  ¿cómo s'hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados  se sostuvo.  Después que fechos famosos
fizo en esta misma guerra  que hazía,
fizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra  que tenía.

           XXXI
  Estas sus viejas hestorias
que con su braço pintó  en joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó  en senectud.  Por su gran habilidad,
por méritos e ancianía  bien gastada,
alcançó la dignidad
de la grand Caballería  dell Espada.

           XXXII
  E sus villas e sus tierras,
ocupadas de tiranos  las halló;
mas por çercos e por guerras
e por fuerça de sus manos  las cobró.  Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró  fue servido,
dígalo el de Portogal,
y, en Castilla, quien siguió  su partido.

           XXXIII
  Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley  al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey  verdadero;  después de tanta hazaña
a que non puede bastar  cuenta cierta,
en la su villa d'Ocaña
vino la Muerte a llamar  a su puerta,

           XXXIV
  diziendo: "Buen caballero,
dexad el mundo engañoso  e su halago;
vuestro corazón d'azero
muestre su esfuerço famoso  en este trago;  e pues de vida e salud
fezistes tan poca cuenta  por la fama;
esfuércese la virtud
para sofrir esta afruenta  que vos llama."

           XXXV
  "Non se vos haga tan amarga
la batalla temerosa  qu'esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa  acá dexáis.  Aunqu'esta vida d'honor
tampoco no es eternal  ni verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,  peresçedera."

           XXXVI
  "El vivir qu'es perdurable
non se gana con estados  mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados  infernales;  mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones  e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflicciones  contra moros."

           XXXVII
  "E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes  de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes  por las manos;
e con esta confiança
e con la fe tan entera  que tenéis,
partid con buena esperança,
qu'estotra vida tercera  ganaréis."

[Responde el Maestre:]

           XXXVIII
  "Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina  por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina  para todo;  e consiento en mi morir
con voluntad plazentera,  clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,  es locura."

[Del maestre a Jesús]

           XXXIX
  "Tú que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil  e baxo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil  como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia  en tu persona,
non por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia  me perdona".

     FIN

           XL
  Assí, con tal entender,
todos sentidos humanos  conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos e hermanos  e criados,  dio el alma a quien gela dio
(el cual la ponga en el cielo  en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dexónos harto consuelo  su memoria.

Jorge Manrique (1477)

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200107

Lo que dejé por ti - Rafael Alberti

Lo que dejé por ti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti

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La poesía es un arma... - Gabriel Celaya

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades :
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya.

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